lunes, 14 de enero de 2008

Volar















Sentada a orillas del mar, vio el tiempo alejarse. Transcurrieron años, o tal vez minutos, pero en la infinidad del espacio delante de ella no veía más que sus propios recuerdos. Pensamientos que fluían al mar, tal cual un río cuando encuentra su fin y se une al eterno azul del océano. En ese momento el río deja de ser río, para formar parte de algo mayor. Así sus pensamientos se volvieron uno con todo lo que ella veía delante. Cada pensamiento iba abandonándola, encontrando en ella una sonrisa, una lágrima, una pena, una alegría. Pero no importaba cuán fuerte era aquel pensamiento, terminaba desapareciendo junto a las olas del mar. Su mente se fue vaciando, se sentía liviana. Los pensamientos que ella liberaba salían volando como palomas que al alejarse se confunden con la danza de colores del atardecer. Y cuando ya no tuvo ningún pensamiento, ninguna atadura que la aferraba al mundo, de su espalda nacieron alas y comenzó a volar. Y mientras el sol iba ocultándose lentamente anunciando el final del día, ella se elevaba cada vez más hacia los cielos, dejando en la arena las huellas de su última existencia.

1 comentario:

Matías Miguel Roude dijo...

Esto es precioso, porque comienza y cierra el fin sin terminar. Y que si cuando nos alejamos de todo en realidad nos acercamos a aquello que buscamos más?. es posible, es probable, pasa.

En las arenas las pisadas dejan huellas que no duran demasiado, siempre el mar deforma las pisadas y el viento las oculta de la vista de los demas. Pero quien ha caminado por la playa, aunque no este seguro del lugar exacto donde dejo pisada, sabe que estuvo alli y como es la sensacion de la arena y la brisa salina del mar. sea ola fria, rayo de luna, plumas de alas que nos permiten volar fuera de la vasija de nuestros cuerpos, todo parece hablar de lo mismo...¿qué es? depende de lo que nosotros creamos.

beso