viernes, 30 de noviembre de 2007

Día




















Es como si hoy pudiera reírme de todo, de cada día de mi vida, de cada momento.
Como si hoy hubiese abierto los ojos y visto por primera vez al mundo. No, no fue hoy. Fueron 19 años de un lento abrir de ojos. Tal vez sean más. Llegué a pensar que era sólo un momento más, pero de alguna forma sé, o siento (o es lo mismo) que es sólo el comienzo.
Estuve, de alguna forma inconciente (o pensando que era conciente cuando tal vez no lo era) alejándome de la gente, porque sentía que algo no estaba bien. Cada día de mi vida, algo no estaba bien, algo faltaba. Hoy, mis manos tiemblan al escribir. Cierro los ojos e intento poner en palabras lo que me pasa, pero ni yo lo entiendo.
Escuché muchas palabras estos días, o estos últimos años.
Me río por cómo todo se fue dando. Como un juego, las piezas que parecían tan caóticas, tal vez en algún punto se alinearon, dejándome ver claramente que todo fue por algo, para llegar a algo.
Cada día lo siento más fuerte, y a su vez tengo miedo. Miedo de sentir la grandeza que sólo pude oír en boca de otros. Miedo a entender que tal vez yo también pueda.
No me pidan que lo explique, no me pregunten qué me pasa porque no sabré contestarles. No aún, no hoy, porque soy una niña que aún no ha aprendido a correr, y si me preguntan, será como querer empujar a aquella niña a que corra. Lo único que lograrían sería que la niña tropiece, porque aún no ha aprendido a correr.
Realmente me mantengo en silencio, escuchando, observando, porque no entiendo. Y si no entiendo, no puedo hablar. Pero a su vez, todo cobra sentido a cada paso que doy.
Estoy volviendo a respirar.
Estos últimos días…no hubo día en el que no lloré. Lloré por cualquier cosa, pero sobre todo por las palabras que escuché. La primera vez, hace unos días, que estallé así, no pude parar. Lloré, sin poder controlarme. Sentí de repente tanto dolor, que no sabía qué hacer con él. Sentí que me destruía. Fue como si todo el mundo que me había creado hasta entonces se me venía abajo. De ahí en adelante, lloré cada día. Pero en vez de que me haga mal, de a poco, me fue aliviando. Cada día, cada momento, iba cambiando. Fue como redescubrir algo, sin saber qué.
No entiendo, no puedo describirlo mejor.
Estoy volviendo a respirar. Mi mente aún no entiende lo que sucede, yo aún no entiendo. Me imagino miles de cosas, pero deseo vivirlas. Necesito vivirlas. Necesito despertar.
Tengo miedo, mucho miedo, pero sonrío.
Sé, y esta vez desde mi espíritu, desde el fondo de mi ser, desde mi alma, desde el único alma que existe, que todo va a estar bien.

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